UN VERANO EN SALAMANCA

En el año 2007 el director Michael Keusch había encadenado tres rodajes seguidos de películas de Steven Seagal en menos de 20 meses, algo realmente agotador y más teniendo en cuenta que los guiones estaban firmados por el propio actor experto en artes marciales. Exhausto por tanta acción y violencia, decidió dar un rumbo diferente a su carrera especializándose en películas de sobremesa, más concretamente en el subgénero de «alemanes de vacaciones»: «Un verano en Alsacia», «Un verano en Portugal», «Un verano en Sicilia»… Keusch se convirtió en toda una eminencia del periodo estival germano.

Pero es con «Un verano en Salamanca» cuando alcanza la cima de su carrera, la perfección en la técnica cinematográfica veraniega, el refinamiento del descanso teutón. En ella, dos hermanas muy diferentes, Nicola (la sensata) y Rike (la alocada), deciden pasar unas semanas en Salamanca. Rike, acostumbrada a destinos exóticos, se las prometía muy felices en el centro de la ciudad, pero lo que no sabía es que Nicole había contratado unas vacaciones de trabajo voluntario en una granja a las afueras. Rike se enfada mucho y con razón, ya que si ella no había dado su aprobación previa, el concepto «voluntariado» se vacía de sentido. Digo yo.

En fin, que lo que parecía que iba a ser un «Callejeros Viajeros» alemán se convirtió en un «Supervivientes» en un albergue lleno de burros y cerdos, regentado por bondadosos salmantinos rurales y católicos con conciencia ecológica. Pero la presencia de los atractivos hermanos Carlos y Pablo anima su estancia, pasando la cosa a parecerse más a una «Granja de las Tentaciones».

Rike y Nicole también sacan tiempo para visitar el centro de Salamanca y sus monumentos más emblemáticos. En sus conversaciones con Truffaut, Hitchcock aseguraba que no hay ningún problema en mostrar la Torre Eiffel  para situar la acción en París o el Big Ben para situarla en Londres, no hay que huir de lo típico, de lo representativo. Michael Keusch hace suya esa observación y la lleva al extremo: sitúa a una de las hermanas paseando por la Plaza Mayor con un jamón sobre el hombro, en la que es la imagen más icónica de la película.

SPOILER: Finalmente, las protagonistas viven una experiencia genial, rollo campamento-erasmus, y se encuentran a sí mismas. Nicole supera la ruptura con su exmarido y Rike se relaja un poquito, que buena falta le hacía, renunciando a los lujos y entregándose al amor. «Los españoles son tan felices con tan poco» parece decir una voz en off sobre los títulos de crédito.

Puntuación: 4/5 bostezos

2 respuestas a «UN VERANO EN SALAMANCA»

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