EL CABALLERO DE LA NAVIDAD

Tras rodar títulos como «Navidad de corazón», «Contrato de Navidad», «La felicidad de la Navidad» o «Royal New Year’s Eve», la directora Monika Mitchell quiso dar un cambio radical a su carrera aceptando la propuesta de Netflix para hacerse cargo del proyecto «El caballero de la Navidad».

Esta cinta nos sitúa en el siglo XIV, en Inglaterra, en pleno reinado de Eduardo III. Un joven caballero, Sir Cole, cabalga tranquilamente por el bosque. Se encuentra con una bruja perdida, con la que se muestra amable ofreciéndole ayuda para retornar a casa. Como «premio» a esa amabilidad, ella lo envía directo al año 2019, a Ohio, en plena Navidad. Menudo premio.

Allí conoce a Brooke, interpretada por una Vanessa Hudgens en la cima de su carrera. Ella lo atropella sin querer y decide ofrecerle su casa de invitados para que se recupere de la supuesta pérdida de memoria que le causó el siniestro.

En este punto uno no puede evitar sentirse un tanto inquieto por Brooke. Por muy caballero que sea, todos sabemos cómo se las gastaban en el Medievo, así que era de suponer que Sir Cole se intentaría propasar con tan amable e inconsciente damisela, incluso recurriendo a su enorme espada si ello fuese necesario para forzarla. Pero no. Sir Cole queda hipnotizado por la televisión, un invento ajeno a su época, neutralizando así su libido.

A partir de ahí, el caballero andante campa a sus anchas por el siglo XXI sin que los enormes avances tecnológicos propios de nuestra era le supongan un trauma o un gran impacto. De hecho, abraza el capitalismo con entusiasmo, comiendo hamburguesas, dialogando con Alexa y consumiendo horas y horas de televisión. No aprovecha su viaje temporal para recabar información útil para su época, como una solución efectiva para la peste negra, que asolaba a su civilización en el siglo XIV, no. Prefiere hincharse a hot dogs y ver la teletienda.

La familia y amigos de Brooke aceptan con naturalidad que ella esté conviviendo con un hombre armado que dice provenir del pasado. Tanto es así, que se crea un clima propicio para que surja el amor medievo-contemporáneo. Los siglos que los separan son un contratiempo, sí, pero nada que la magia de la Navidad no pueda solucionar.

De esta elegante forma, Monika Mitchell pretende normalizar la presencia de inmigrantes temporales en nuestra sociedad, algo tan criminalizado hoy en día por los sectores más conservadores.

Puntuación: 2’5/5 bostezos.

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