LA NAVIDAD DE UNA ADICTA A LOS ZAPATOS

«Los zapatos son mucho más que el calzado. Son una expresión de nuestro estado de ánimo. Son o muy alegres o muy serios, divertidos o coquetos… Cada par cuenta una historia«. Esta profunda reflexión, toda una declaración de principios, no fue hecha ni por Paulo Coelho, ni por Virginia Woolf, ni por el  Dalai Lama, ni por el Papa Bergolio. Su responsable es Noelle, la jefa de Recursos Humanos de un centro comercial, a quien su fallecida madre, que cuando nació quiso llamarla Jingle porque Noelle le parecía poco navideño, inculcó la pasión por los zapatos.

Noelle, adicta a los zapatos y a la Navidad.

En el anterior párrafo se resumen los principales rasgos de la personalidad de la protagonista de «La navidad de una adicta a los zapatos», interpretada por un mito de las sobremesas como Candace Cameron Bure (D.J. Tanner en «Padres forzosos»): una enamorada de los zapatos y de la Navidad. Esta simpleza, que podría servir de epitafio de Noelle, es la idea central de este film de 81 minutos, en el que también hay un bombero sexy y una especie de ángel de la guarda en forma de señora vestida raro. Pero vayamos por partes.

El ángel de la guarda, que es una señora a la que vistió un ciego.

Noelle, además de ser una loca de los zapatos, es (o era) una apasionada de la fotografía. Lo sabemos porque una amiga suya le dice todo el rato que debió continuar con su afición y no malgastar su vida trabajando en un centro comercial (la amiga también trabaja en ese centro comercial, pero su vida debe ser menos importante). Le recuerda constantemente una fotografía navideña muy bonita que hizo una vez, con la que pudo ganar un premio,  pero que casi no muestran en pantalla porque realmente es una vergüenza de foto sin gracia ninguna y que no hubiese ganado un concurso ni aunque solo participase ella. Hubiesen declarado el premio desierto.

La foto con la que pretendía ganar un premio.

Noelle tiene un padre del que pasa bastante, porque no tiene pinta de que le gusten los zapatos. Es más, da la sensación de que vive en la indigencia y de que su hija no hace nada por socorrerlo. «Hubiéramos tenido una casa mucho más grande de no haber sido por tu madre y sus zapatos«, dice con tono nostálgico más que de reproche, a lo que Noelle responde un con una sonrisa cortante.

El pobre padre de Noelle.

Además de haber abandonado su sueño de ser fotógrafa y de tener una fría relación con su padre, Noelle está muy mal porque hace 3 años la dejó su novio, y vio en instagram que se va a casar con otra. Esto es la gota que colma el vaso. Noelle intenta simular que es feliz, pero nosotros sabemos que no lo es. También lo sabe Dios, y por eso le envía al  ángel de la guarda-señora que mencioné antes para ayudarla a frenar esta sangría de desgracias insignificantes. ¿Cómo lo hace? Dándole zapatos que la transportan al pasado y mostrándole los errores que cometió, que son no haber continuado haciendo fotos de mierda y no haberle hecho casito a su padre una vez. Errores que ya conocíamos todos sin necesidad de estos viajes en el tiempo. Además, y esto es lo importante, el ángel de la guarda hace de alcahueta entre Noelle y un atractivo bombero, que será lo que realmente devuelva la felicidad a Noelle, y no reconciliarse con su padre ni hacer fotografías.

El bombero.

Al final se celebra una gala de nosequé en la que todos vuelven a creer en la Navidad, Noelle se beneficia al apagafuegos y, así, el ángel de la guarda gana sus alas. Frank Capra se sentiría afortunado de estar muerto.

Puntuación: 2,5/5 bostezos.

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