ATRAPADA EN SAN VALENTÍN

La fórmula «día de la marmota» que elevó a la categoría de clásico de culto a «Atrapado en el tiempo» (Harold Ramis, 1993) ha sido utilizada, con desigual fortuna, por diversos directores de cine. Recientemente, esta «repetición en bucle del mismo día», que se ha convertido en un subgénero por derecho propio, está viviendo un repunte con films como «Feliz día de tu muerte» (Christopher Landon, 2017), «El increíble finde menguante» (Jon Mikel Caballero, 2019) o «Palm Springs» (Max Barbakow, 2020). Pero me atrevería a decir que la peli de tarde objeto de esta reseña, «Atrapada en San Valentín», es la primera y única película de la historia en la que su protagonista se ve atrapada una y otra vez en el día de San Valentín, lo que la hace diferente a todas las mencionadas. Una decisión revolucionaria tomada por su guionista, el nada conocido Jack Sekowski, que le asegura una nota mínima (y máxima) de 2 sobre 10 en Filmaffinity.

La protagonista comprobando que se ha despertado en el día de San Valentín.

En el inicio del film, Katherine se despierta muy optimista. Le espera una jornada ilusionante: si consigue cerrar un negocio de comida para gatos con un directivo francés, la ascenderán, y además por fin va a conocer al presunto amor de su vida, con el que solo ha hablado por internet. Esa mañana queda con sus amigas para desayunar y, como son chicas y están en el día de San Valentín, solo hablan de lo difícil que es lograr encontrar a su media naranja y lo felices que están por una de ellas, que sí lo logró. Esta película no superaría el Test de Bechdel ni siendo reescrita por Virginia Woolf.

El prometedor día se acaba torciendo: la reunión de comida para gatos con el francés sale mal y la cita con el hombre perfecto, peor, ya que él detesta los animales, lo que los hace incompatibles. Todo cambia cuando Katherine salva a un perro perdido y se lo entrega a su dueña, una señora que deduce que «Kat» no es feliz, y por ello le suelta un conjuro para que tenga que vivir permanentemente en el día de San Valentín hasta que encuentre el verdadero amor. Así le devuelve el favor de salvarle al perro, obligándola a que tenga citas una y otra vez con todos los hombres con los que ha hablado a lo largo de la jornada hasta que descubra cuál de ellos es su media naranja. La señora, que está más cerca de ser Carlos Sobera que de ser una hechicera, convierte a Katherine en una especie de Tinder humano, una esclava temporal dentro de un First Dates eterno.

La protagonista alcoholizándose para soportar las citas.

Todo esto es, en teoría, por su bien, ya que la señora rancia mantiene que Kat solo encontrará la felicidad junto al hombre perfecto, que según pude deducir entre sueños (porque a estas alturas me quedé medio dormido), se trataba de un repartidor de flores, antiguo hombre de negocios de éxito que lo dejó todo para regentar la floristería familiar, y con el que llevaba cruzándose todo el tiempo sin darse cuenta de que se trataba de su media naranja, fíjate tú.

La tirana de la hechicera.

Moraleja: nunca ayudes a nadie, no vaya a ser que te devuelvan el favor.

Puntuación: 2/5 bostezos.

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