TITANIC 2

Muchos son los logros con los que cuenta Titanic (James Cameron, 1997): convertirse en una de las películas más taquilleras de la historia,  alzarse con 11 Oscars, hacer que todo el mundo se cuestione si en una tabla que flota sobre el mar caben dos personas… Pero el más importante de todos es, sin duda, el de haber dado pie a la creación de varias pelis de tarde que bebieron de su fama. Estas obras, normalmente en formato mini-serie, estaban pensadas para ser estrenadas directamente en televisión, y no disimulaban lo más mínimo su intención de subirse al barco (bien traído) del éxito del film protagonizado por DiCaprio y Winslet. De hecho, no cambiaban ni el título: Titanic. Una de ellas incluso se estrenó meses antes, presagiando el fenómeno que vendría, con un elenco nada desdeñable formado por Catherine Zeta-Jones,  George C. Scott, Eva Marie Saint y Tim Curry. Pero sin duda, la más entrañable de todas es la del año 2012, en cuya edición de dvd se resaltaba, como algo meritorio, que había sido «emitida en Antena 3».

Emitida en Antena 3.

Pero la obra cumbre dentro del subgénero «cruceros que se hunden» no es otra que Titanic 2 (Shane Van Dyke, 2010), un film que destruye el dicho de «nunca segundas partes fueron buenas», a pesar incluso de no tratarse de una secuela propiamente dicha. Tanto es así que, tras su visionado, James Cameron, entre lágrimas, declaró: esta es mejor.

En esta pieza de culto, un excéntrico millonario, Hayden Walsh (interpretado por Shane Van Dyke, también director y guionista del film, el Orson Welles de los trasatlánticos), se propone hacer zarpar el crucero más grande y veloz del mundo, el Titanic II. Entre la tripulación, ocupándose de tareas indeterminadas, se encuentra su ex novia, Amy, que observa con resquemor como el magnate pasea constantemente por todo el barco agarrado a cuatro atractivas modelos para dejar claro que es rico.

A su vez, el padre de Amy es un guardacostas con muchas más competencias de las que cabría esperar teniendo en cuenta su puesto de trabajo. Justo en el momento en el que el Titanic II se lanza a la mar, él se encuentra en Groenlandia por un aviso de desprendimientos de hielo. La cosa se agrava y termina con una fractura de un iceberg gigante que puede provocar tropecientos tsunamis (según unos datos que aporta un científico) y que va directo contra el crucero en el que se encuentra su hija. El padre se preocupa y moviliza a todo el ejército para salvar al Titanic II, olvidándose del resto de víctimas que puede causa el tsunami.

«La historia se repite», dice uno de los tripulantes del Titanic II cuando les llega el aviso de iceberg, por si no nos habíamos dado cuenta de que está pasando lo mismo que con el otro Titanic. Y efectivamente, hay un impacto bestial y el barco empieza a hundirse y el pánico a cundir. Como cabía esperar, Hayden y Amy se reconcilian, se convierten en los DiCaprio y Winslet de Hacendado, y luchan por salvar sus vidas. Dentro del caos que se genera, el momento más emotivo es cuando ambos tratan de detener la hemorragia que está sufriendo una tripulante, presionando la herida con una tarjeta de crédito y esparadrapo. Lo que llama la atención es que en ese momento se encontraban en la enfermería, que estaba llena de vendas, tiritas y, seguramente, de Betadine.

Es que soy yo literal.

No quiero hacer más spoilers, pero al final Titanic 2 nos demuestra que, si hay voluntad, dos caben en una tabla de socorro.

Puntuación: 4’5/5 bostezos

(Disponible en Filmin)

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