DOBLE EMBARAZO

Allá por el año 2015, cuando la directora Lee Friedlander estaba en plena promoción de su última obra «Doble embarazo», una reportera del magazine «Sobremesa» le preguntó si no consideraba que su film era clasista, a lo que  Friedlander reaccionó airada con un «¿Por qué dices eso?».  La periodista argumentó que en la película se presentaba a un adolescente rico y de buenos modales que deja embarazadas a dos chicas: a su novia de toda la vida, una rubia angelical de clase media, y a una chica pobre de familia desestructurada, que una noche se aprovecha sexualmente del chaval, cuando este está borracho, para quedarse en cinta y así asegurarse un sustento económico de futuro. Friedlander se quedó un rato pensando sobre ello y respondió: «Pues, si es así, tienes razón. Es que no vi la película».

Esas declaraciones que me acabo de inventar me sirven para introducir la trama de este apasionante film del subgénero «jóvenes embarazadas», cuyo título original, «Double Daddy», podría servir también como nombre a un reguetonero puertorriqueño.  Pero es evidente que, aunque el tema subyacente es el conflicto de clases,  la trama visible es la de una inseminación paralela perpetrada por Connor, el típico guapo de instituto, cuya fertilidad es digna de estudio: en un despiste preña a su novia Amanda, y en una fiesta, completamente borracho y puede que drogado (le echaron droja en el colacao), embaraza a una recién llegada a la ciudad, Heather, que, como indicó la reportera de «Sobremesa», buscaba aprovecharse de la situación.

Las dos muchachas en estado de buena esperanza con el padre de las criaturas.

A partir de ahí se monta un buen pollo. En el instituto la noticia corre como la pólvora porque Heather se encarga de subir fotos a las redes sociales posando con el test de embarazo positivo, y los padres de Connor, unos buenos cayetanos, se vuelven locos porque creen que las embarazadas quieren arruinarle el futuro a su hijo. Pero la peor parada es Amanda, una joven inocente y soñadora de actitud hippy que, a pesar de estar destruida emocionalmente por la infidelidad de Connor, aún confía en volver con él y formar una familia juntos.

Selfie con el predictor.

A partir de ahí, la directora del film se esfuerza en relacionar la pobreza de Heather con su maldad: cuanto más sucia es su casa y más desaliñado y ruin es su padre, más locuras hace ella. Por contra, los pudientes Amanda y Connor mantienen una actitud coherente, madura y civilizada nivel peli francesa de burgueses bebedores de vino, y en todo momento se muestran comprensivos con Heather, por mucho daño que esta les haga. Yo a estas alturas de la película ya iba de Heather a muerte.

Heather comiendo una manzana de forma peligrosa.

Evito la tentación de hacer spoiler del bizarro final, en el que el producto del doble embarazo juega un papel clave, cambiando de manos como si de unos cromos Panini se tratase, y os invito a que veáis este clásico de sobremesa, disponible en Youtube.

Puntuación: 4/5 bostezos.

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