A.R.C.H.I.E.

Cuando «Stalker», una de las obras maestras de Andrei Tarkovsky, fue estrenada en 1979 en el Festival de Cannes, un periodista preguntó al genio ruso acerca de la famosa secuencia en la que un perro se acerca al protagonista del film, que yace tendido en medio de un charco. El director se limitó a encogerse de hombros y contestar que «a todo el mundo le gusta ver perros en las películas«. Esta declaración que me acabo de inventar supuso el origen del famoso, aunque poco frecuente, subgénero «perros que hablan», un tipo de peli de tarde que está en continua evolución, como podemos comprobar con «A.R.C.H.I.E.» (Robin Dunne, 2016), una ambiciosa producción cuya estrella central es un robot canino.

El perro de «Stalker», origen de Archie y otros canes de tarde.

«¿Qué es A.R.C.H.I.E.?» se preguntarán aquellos ignorantes de la vida que lean esta reseña, pues es un Artilugio Robotrónico Canino Híper Inteligente Experimental, como no podía ser de otra forma. Así lo explica Brooke, la científica sin nombre de científica que creó a este súper perro con poderes increíbles (visión rayos-x, velocidad de la luz, wifi, elevalunas eléctrico…). Fue desarrollado en un centro de investigación con la idea de ayudar a los más necesitados, pero luego llegó una empresa mayor que se hizo con el proyecto para destinarlo a fines militares (lo típico). Brooke, que cometió el error de mezclar trabajo y sentimientos, se encariñó con el perro y, antes de verlo partir hacia la guerra, prefirió dejarlo escapar. La mala suerte quiso que el conserje de la empresa lo robase y se fugase con él a Las Vegas. En la ciudad del pecado, el conserje obligó a Archie a delinquir, manipulando las máquinas tragaperras y cajeros automáticos.

Archie delinquiendo junto al conserje travestido.

Menos mal que en medio de una persecución policial el perro consigue escapar y termina en Deanewood, un pueblo estadounidense de 12.961 habitantes. Allí coincide con Isabel, una adolescente que se acaba de quedar huérfana y se ha visto obligada a trasladarse de Chicago a esa miserable localidad porque su único familiar vive allí. Este no es otro que su tío, que es el alcalde y regenta una hamburguesería. Problemas: Isabel sufre las burlas de dos pijas que la envidian porque ligó con el guapo del pueblo y su tío corre el riesgo de perder las elecciones a la alcaldía y su hamburguesería porque una mujer que lo odia quiere hacerse con todo ello. Pero no os preocupéis porque SPOILER Archie utiliza sus superpoderes, cuyo diseño costó millones de dólares y años de investigación, para solucionar estos prosaicos conflictos.

Archie y la huérfana.

Pero «A.R.C.H.I.E.» no solo es una entrañable historia de amistad entre un chucho-robot y una huérfana, también es una obra de culto instantánea por dos motivos: 1- La voz del perro en la versión original del film es la de Michael J. Fox. 2- Un niño secundario confiesa que su mayor deseo es ser vendedor de artículos de broma, como cacas falsas o polvos que provocan pedos. En una dramática secuencia, una de las pijas malas vierte todos los polvos-pedo en la salsa especial de las hamburguesas del tío-alcalde, provocando una orquesta de flatulencias formada por todos los clientes allí presente, que se mantiene durante 5 minutos sin que al director le tiemble el pulso. Estos pedos sirven de banda sonora para sus títulos de crédito finales.

Polvos de pedo.

Puntuación: 2,5/5 bostezos

(Disponible en Amazon Prime Video)

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